lunes, 16 de junio de 2014

CAPITULO XVIII

Estando en silencio, contemplando la vida, el campo y el espacio, sentí en mí una voz que me decía: "¿Quién eres tú para que intentes penetrar en mi silencio profundo?".

Quedé desconcertado, no tuve ni palabra ni mucho menos que pensar al escuchar tan enigmá-ticas palabras; pero quise seguir reflexionando sobre lo que, anteriormente, contemplaba y me dije: "Este momento que vivo es parte de mi vida, por lo tanto, debo comprenderlo, analizarlo y estudiarlo, porque considero injusto dejar pasar un momento sin hacer un análisis de que estoy frente a la Vida y, a la vez, también es justo preguntarme ¿qué relación existe en mí con este campo?".

Quise penetrar un poco más en mi reflexión y dije: "Este espacio tan profundo e infinito que contemplo ¿qué es para mí?".

En ese instante volví a escuchar la voz que me decía: "Es demasiado atrevido querer conocer lo que te propones".

Yo me dije: "Estudiar la Vida en toda su expansión es propio de personas que la amamos".

Mirando al espacio, ví muchas aves que volaban; mirando al campo ví árboles inmensos y me dije: "Algo tenemos entre sí estas aves que vuelan, este campo y bosque que me rodean, pero no entiendo cómo hacer para compenetrarme con todos estos fenómenos".   

Resolví sentarme y entrar en una relajación un poco más profunda. Quise sentir mi corazón con su palpitar, sentir la sangre que corría por mis venas y sentir el silencio que estaba más allá de mi reflexión.

Fuí penetrando en mis vastos espacios interiores; fuí escuchando el silencio del campo donde se extasiaban los Genios de la selva - ins-truían a sus criaturas Elementales - ; oí el rugir de las nubes en el espacio; sentí el éxtasis por la Libertad; ví las aves desplazarse, libres, sin el peso de una razón y de una vida mecánica, llena de obstáculos que se vive en este convulsionado mundo.

En ese momento, comprendí que la vida, el campo y  el espacio  se unían con mi Vida, invitán--dome a ser libre por la Fe, por el Amor, por la Contemplación.


Sentí mi corazón henchirse de  la Gracia de mi Ser Interno y desplazarse por un espacio sin complicaciones.

Sentí la necesidad de ser fijo en mi Camino, como el árbol que nace, crece, envejece y muere en un mismo lugar; es decir, sin cambiar su posición.

Sentí que debía ser como ese árbol en mi decisión de permanecer con mi vista fija al Sol, en espera de mi propia Redención.

Sentí que debía ser como el campo que da albergue a todas las criaturas que allí nacen, crecen y evolucionan y que el campo no interfiere en su propio destino .......

Comprendí que debía ser como el espacio, sereno, tranquilo y profundo; como la viva expresión de un Dios que palpita en mi corazón, símbolo de la Paz, del Amor y de la Comprensión.


                                  LA  VIDA