lunes, 16 de junio de 2014

CAPITULO IX

Estando Jesús en casa de Marta con sus Discípulos, llega María Magdalena y le dice: "Mi prima va a dar a luz, le manda a llamar".

El Maestro se levanta y sale; se le acerca Judas y le dice: "Maestro, ¿será de tanta necesidad la ida suya?, .... y la enseñanza que nos está dando ¿cuándo nos la va a dar?".

Contesta el Maestro: "Judas, la Vida y la Muerte son una misma cosa; sólo se diferencian en que, quien tiene Vida eterna, nunca muere y quien no la tiene, se va y no regresa".

Dice Judas: "Maestro, y ¿qué tiene que ver esto con el parto de Sara?".

El Maestro dice: "Judas, el parto es una cosa, pero la Vida que nace es otra".

"YO SOY LA VIDA y estoy donde está la Vida; YO SOY LA PALABRA y vosotros deberéis estar donde esté la Palabra".

"La enseñanza que os doy aquí, en casa de Marta, es la misma que os voy a dar en casa de Sara. Porque vosotros hoy estáis conmigo, moriréis y volveréis a nacer y si continuáis conmigo, os doy la misma enseñanza, porque YO SOY LA PALABRA, y recuerda Judas: «Los cielos y la tierra pasarán, pero mi Palabra no pasará»".

Llegando donde Sara daba a luz, se detuvo y les dijo a los Discípulos: "Vosotros deberéis aprender a respetar la Vida porque sois la Vida como YO".

"El que es digno y muere, mi Padre le recibe en el cielo y vosotros ¿de qué os preocupáis?".

"El que es indigno y muere, el Demonio le recibe en el infierno, ¿para qué os preocupáis?".

"El que nace en la tierra debemos recibirlo, darle afecto y cariño y enseñarle la Palabra para que se haga Hijo de mi Padre, como vosotros".

"Así comprenderéis todos que un Pastor vive pendiente de las ovejas preñadas para que el ternerillo, al nacer, no lo devoren las aves de rapiña".

Guardó   silencio   el  Maestro  y, viendo   al recién nacido, respiró profundo.

Judas le dijo: "¿Qué le pasa Maestro que respira profundo?".

El Maestro le miró y le dijo: "Judas, el aire que circunda la tierra es la Vida que YO represento; es tanta la abundancia de este que toda criatura respira de él y nunca se agota".

"Así mismo es la Sabiduría que viene de mi Padre; todo el mundo la tiene en mayor o menor proporción y nunca se agota; lo contrario, se acrecenta más en todo hombre que me escucha a Mí".

Le dice Pedro: "Maestro, yo estoy sorprendido de todo lo que nos enseña. Pienso que no podremos practicarlo todo".

Le dice el Maestro: "Pedro, cerca de la ciudad pasa un río; todas las personas de esa ciudad beben de esa fuente; se bañan con esa agua, preparan sus alimentos con el agua de ese río. El río nunca se agota, sin embargo, todas las personas disponen del agua que necesitan para sobrevivir".

"Así vosotros beberéis de esa agua, os bañaréis con esa agua, es decir, tendréis el agua que necesitéis; daréis de beber a vuestros invitados, mas la fuente no se secará, ni el río mermará su cauce".

"Así pasa con mi Palabra; cada quien la recibe como una fuente inagotable de Vida; por muchos que beban, nunca se agotará, porque es mayor el cauce que el consumo".

Regresó el Maestro con sus Discípulos a casa de Marta. Llegando allí los invitó a sentarse y empezó a hablarles y les dijo: "Estamos complacidos de haber presenciado hoy un nacimiento. Es un acontecimiento que nos hace ver la Gracia de mi Padre; sin embargo, este nacimiento tiene que ver con este mundo de pecado".

Le dice Judas: "Maestro, sabemos que quien le envió es sin mancha y lo que EL hace, lo hace sin mancha; ¿por qué nos dice que el nacimiento que acabamos de presenciar tiene que ver con la Gracia de su Padre y se ha sucedido en este mundo de pecado y por el pecado?".

El Maestro le dice: "Judas, el pecado lo hizo por  un proceso original, pero el pecado es Muerte; él no hubiera podido infundirle Vida a esa criatura. Por la Gracia de mi Padre tiene Vida, aunque haya sido hecho de pecado".

Dice Judas: "Maestro, si eso es así, entonces nosotros que somos UNO con Usted y estamos en el mundo, ¿cargamos las mismas culpas y somos hechos de pecado?".

Dice el Maestro: "Cada uno de vosotros habéis sido hechos de pecado y por el pecado, por lo tanto, es que ni los huesos, ni las carnes, ni la sangre heredarán a mi Padre, sólo lo incorruptible que es el Espíritu. Después de purificados, seréis UNO, con EL que me envió".

"Así vosotros, también, seréis UNO conmigo y así como YO me he vestido con una carne, con unos huesos y con una sangre incorruptible para continuar con vosotros, así también vosotros deberéis vestiros con unas carnes, unos huesos y una sangre incorruptible para poder llegar donde YO he llegado".


                                   LA VIDA