Es necesario comprender esto a la luz del Evangelio Crístico, porque verdad que es incomprensible a la luz de la razón humana; sabido es por nosotros, los Iniciados, que cinco sentidos se tienen y esto no es más que la viva representación de los elementos con los cuales fuimos hechos.
El elemento Tierra se relaciona con el sentido del gusto y, en el común de las veces, nos hace gustar lo que nos hace daño, demostrándonos así que no tenemos ningún dominio sobre ese elemento y sobre la inercia y mala voluntad que ejerce en nosotros.
El sentido del olfato se relaciona con el elemento Agua, trayendo como corolario que el ser humano tiene un fondo vital emergido de las aguas genésicas.
El sentido del oído, se relaciona con el elemento Aire, razón por la cual, el oído es el puente hacia el mundo astral y hacia el centro
emocional.
El sentido de la vista, se relaciona con el elemento Fuego, siendo éste un puente directo con la mente y con las impresiones.
Esto nos hace pensar que, de acuerdo a los estudios gnósticos, mientras nosotros tengamos el Ego vivo, éste no nos deja escuchar el Mensaje Crístico como es, ni nos deja ver la eterna realidad que tiene la Palabra, la Vida y Testimonio del Cristo entre los hombres.
Ese hombre vulgar de la tierra escucha con agrado y ve con agrado todo lo que a su querido Ego le gusta y es más que imposible hacerle entender porque los secretarios que tiene en el sentido del oído, en el sentido de la vista y en su mente son elementos infradimensionales, infrahumanos que, en ningún momento, estarían dispuestos a dejar que la conciencia atrape el significado de la enseñanza.
De aquí podemos deducir que, para nosotros entregar el Mensaje Crístico, debemos buscar la forma más adecuada de llegar a la conciencia de las personas sin censurar la hipótesis, teorías o dogmas de sus inoportunos secretarios.
El hombre vulgar de la tierra es una sombra que se mueve por impulsos instintivos y brutales que se disputan entre sí, cada uno por lograr lo que les interesa.
El hombre vulgar de la tierra, casi en su totalidad, son casos perdidos, justamente porque el oscurantismo de la conciencia no le permite capturar el profundo significado de la Luz y la Palabra.
Podemos decir que estos tipos de personas están invadidos por una fuerza luciférica, terriblemente maligna y predomina en ellos el Judas traidor; el Judas que vende al Cristo por treinta monedas; el Judas que vende al Cristo con un beso; el Judas que da a conocer a la enardecida muchedumbre el Ego; dónde está el Cristo; qué movimientos hace para que lo atrapen, para que lo capturen; quedando así demostrado que si no hubiera una inteligencia superior diseminada en todo este drama, no se podría realizar la Gran Obra.

