lunes, 16 de junio de 2014

CAPITULO V

Estando el Maestro reunido con los Discípulos, les dijo: "¿Quién de vosotros me dice lo que debemos hacer en el día de mañana?".

Unos opinaron: "En el día de mañana estaremos en el Templo"; otros: "En el día de mañana estaremos en ayuno".

Dijo el Maestro: "El Hijo del Hombre es como el Sol, al que tiene frío le da calor; es como las nubes, donde hace falta lluvia, lleva el agua; es como la madre amorosa, cuando el hijo tiene hambre, le alimenta".

"Así pues, el día de mañana estaremos dando de comer al hambriento, dando de beber al sediento, dando calor a quien tiene frío, para que se cumpla la Palabra: «Que todo lo que está bajo el Sol, ha sido creado por el Señor y sólo EL velará por sus criaturas e hijos»".

"Por eso os digo que si no tenéis una ofrenda para Dios, velad primero que si alguien ha tenido hambre y no le disteis de comer;  ha tenido sed y no le disteis de beber; ha tenido frío y no le disteis  abrigo.  Esa  ofrenda  que llevas, aún no la
presentes todavía, porque sería inútil dar a Dios una ofrenda que se la hemos negado a nuestro hermano".

Replica Judas y le dice: "Maestro, pero la Ley de Moisés nos enseña a amar a Dios sobre todas las cosas y Usted nos manda a servir primero al hombre".

Y el Maestro contestó: "¿Qué Padre justo y sensato se sentaría a la mesa a comer, si sus hijos tienen hambre".

"Así mismo es el Padre: esto nos hace entender la trascendencia que tiene para nosotros la Vida que llevamos, cómo la vivimos, cómo nos comportamos".