Recordemos que nosotros, los humanos, disponemos de cinco centros dirigidos por diferentes leyes y elementos; también disponemos de tres cerebros: Cerebro Pensante, Cerebro Motor y Cerebro Emocional.
Aunque parezca increíble para el lector, hay cosas que se saben únicamente a nivel intelectivo, otras que se saben únicamente a nivel de Centro Motor, otras a nivel de Centro Emocional.
Saber determinada cosa en cualquiera de estos Cerebros no nos garantiza que esto nos sirve para realizar la Gran Obra o para el desempeño de cualquier función conscientiva.
Pondremos, como comparación, el caso de un perro. Ese animalito se aprende su nombre y si
lo educamos bien, aprende a cuidar la casa, obedece cuando se le manda a atacar a alguien, etc.
Esto no nos indica que ese animalito tenga, siquiera, mente, ni mucho menos conciencia de lo que aprendió.
Así mismo pasa con cualquier cosa que aprendamos a nivel intelectivo. Hay personas que han devorado las Obras del Maestro Samael, sin embargo, a estas personas se les hace un estudio de la comprensión doctrinal y quedamos asombra-dos cuando vemos que, al corazón de esta persona, no ha llegado ni el uno por ciento de conciencia de lo que ha aprendido a nivel intelectual.
Esto nos hace pensar, queridos hermanos, que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, como Principios Eternos de la Creación, deben estar unidos en un solo punto para crear, en nosotros, los diferentes fundamentos de la Comprensión y la Conciencia.
Me explico:
«En el Cerebro está el átomo del Padre y corresponde al Saber; en el Centro Motor está el átomo del Hijo y corresponde a la Comprensión; en el Centro Emocional está el átomo del Espíritu Santo que corresponde al Sentir».
Cada uno de estos aspectos tiene una parte superior y una parte inferior, lo cual es lo que determina la clase de persona que está, en deter-minado momento, estudiando, aprendiendo o enseñando determinada cosa.
Si aquella persona en mención, tiene o está desarrollando un intelecto superior, lo que aprende o lo que enseña, lo siente. Me explico: "Combina la enseñanza con su sentir. Sabe combinar lo que aprende, lo que enseña".
Si esta persona está desarrollando en sí mismo la Comprensión Creadora, lo que aprende está impregnado de esa Comprensión profunda que identifica la Doctrina con el Ser.
Si la persona está haciendo en su vida un cambio radical, de fondo, indica que está desarro-llando una Emoción Superior, quedando así im-pregnado lo que aprende, lo que vive y lo que enseña de un Intelecto Superior, una Comprensión Creadora y una Emoción Superior; conectándose estas tres Virtudes con su Templo Corazón; empe-zando a haber un retro-alimento de la Sabiduría del Ser que viene de adentro, con el Saber de la persona, que vendría a ser el connubio de dos fuerzas con un desarrollo equilibrado entre lo
humano y lo divino: «Lo humano para divinizarse y lo divino para humanizarse; que sería el Ser y el Saber».

