lunes, 16 de junio de 2014

CAPITULO XIII

El «yo», como todos sabemos, no es un individuo, ni es una unidad, es una fuerza plural, es una pieza compuesta de muchas piezas que algunas de ellas encajan entre sí porque son asociados psicológicos.

Otros no encajan en esa pieza porque son pequeños elementos que riñen con todos los otros, haciendo que nunca el «yo» se pueda poner de acuerdo para permitirnos tener una vida feliz.

El «yo» que quiere ser comprensivo, es des-plazado por otro de la incomprensión.

El «yo» que quiere ser tolerante, es despla-zado por otro de la intolerancia.

El «yo» que se entusiasma por el esoterismo, es desplazado por otro que para nada le interesa estos estudios.

Hay un problema que nosotros, los Iniciados, debemos  conocer  a  fondo;  me  quiero  referir  a Lucifer,  o sea a lo que las Religiones llaman «El Diablo». No hay que confundir lo que es este Diablo  con  lo  que es un Mago Negro, o lo que es
un «yo». Son tres cosas totalmente diferentes.

El Diablo o Lucifer, es el depositario de los elementos fundamentales que nosotros necesitamos en la Gran Obra, que es la Luz y el Fuego.

Diablo, se deriva de la palabra «Día» y se refiere a cuando no nos habíamos caído, y «Block» a un libro de muchos tomos; quiere decir, muchos elementos adheridos a ese principio que se llamó día.

En ese Block o Libro, están depositados todos nuestros pecados que resurgen de allí como «yoes», criaturas diablos.

Si estudiamos la etimología de la palabra «yo», está definida como un elemento «X» (equis), pero también como un elemento desconocido que necesita del siguiente estudio: Conocerlo, ¿Quién es?, ¿Cómo se llama?, ¿Qué hace?, ¿Con quiénes anda?, ¿Quiénes son sus amigos?, ¿Quiénes son sus enemigos?; es decir, ¿cuáles son sus afines elementos psíquicos?, ¿Con cuáles elementos se repele?.

Ejemplo: Un «yo» religioso tiene sus afines yoes  con los religiosos que comparten este tipo de
vida y rechaza o censura a los yoes de otras perso-nas o de la misma persona que no gustan de la Religión; así encontramos estas asociaciones de Diablos en todo el compendio psicológico de la Humanidad.

Por eso la persona que se dedique a morir, debe hacerlo únicamente con la finalidad de morir, no con la finalidad de ser diferente a nadie, para no dar la oportunidad de que un «yo», o muchos «yoes», digan: "Yo no soy como aquel", y señale a alguien.

No olvide, querido lector, que lo importante es morir para que ese cadáver sea utilizado por el Ser.

El «yo», como ya dijimos, es un elemento desconocido que deambula en los diferentes centros de la máquina, sin Dios y sin Ley; inclusive, algo muy grave para el estudio en la muerte, es que un «yo» que hoy actúa como orgullo, mañana actúa como amor propio; pasado mañana actúa como un gran sabio; al otro día actúa como un «yo» lujuria; al otro día actúa como un «yo» soberbia;  al otro día puede actuar como un «yo» autosuficiente; otro día actúa como un «yo» mitómano, etc.
      
Esto nos hace pensar que, si nos vamos a dedicar a morir en serio, no nos tenemos que dejar engañar de ninguna pose o ninguna pose mental o psicológica del «yo»; simplemente, nos interesa morir y no más.

No olvide, querido hermano, que en la Muerte Mística, lo único que vamos a emplear es la Com-prensión del «yo», la Voluntad que vamos a ejercer sobre el trabajo, la Continuidad de propósitos y la Integración con la Madre Divina. Cada una de estas cosas tiene sus complementos.

La «Comprensión» se complementa con el estudio del elemento a nivel emocional, instintivo, mental, sexual, etc.

La «Voluntad» se complementa con quitarle la razón al elemento; no dejarlo actuar y soportar el dolor que produce la Muerte.

La «Integración» de la Madre, se comple-menta con la oración, con la meditación y con la súplica, pidiendo la eliminación.

Volvemos a repetir que el «yo» es un elemento, hijo del pecado, de características diabólicas; es la Sombra de la Sombra de Lucifer.