Se acerca Pedro y le dice: "Maestro, ¿cuál es la finalidad de este viaje?".
El Maestro le contesta: "Pedro, iremos a predicar la palabra a nuestros hermanos que, como vosotros, anhelan conocerme y conocer a quien me envió".
Se acerca Pedro y le dice: "Maestro, ¿es que en Cafarnaum está quien le envió?".
Contesta el Maestro y dice: "Quien me envió está aquí con vosotros. EL ES LA VERDAD. Yo os digo a vosotros, hermanos, que la VERDAD y la PALABRA son la misma cosa, pero es más fácil conocer la Palabra que conocer la Verdad. La Palabra se oye y parte de ella se comprende, más la Verdad no se puede oír, ni se puede ver porque es la Luz que ilumina nuestro Espíritu; en ella está la Verdad. Yo os enseño la Palabra, más mi Padre les enseñará a conocer la Luz, porque EL ES LA VERDAD".
Dice Judas: "Maestro, todos nosotros le acompañamos donde va a predicar y le aprendemos sus enseñanzas, pero, ¿no sería mejor que las gentes vinieran a nosotros y no nosotros ir a las gentes?".
Contesta Jesús: "Las aves de rapiña y los zorros duermen en sus cuevas y guaridas y sólo salen de allí cuando tienen hambre, a buscar qué comer. Así es el hombre. Sale al campo y a las ciudades a buscar el pan para saciar su hambre, porque su cuerpo lo necesita, pero no busca al Hijo del Hombre que le dará a comer el Pan de la Sabiduría".
"Los hombres tienen hambre de lo que el mundo brinda, mas vosotros tenéis hambre de lo que mi Padre os da: Sabiduría y Amor; por lo tanto, debemos ir donde ellos a darles de vuestro alimento; así ellos, más adelante, vendrán a buscar el alimento que mi Padre os da".
Dice Judas: "Maestro, hay ciudades más cerca donde podemos ir a predicar la Palabra".
El Maestro le contesta: "Judas, hijo mío, con un denario podéis comprar cien panes; un pan abastece a uno de vosotros, cien panes abastecen
a cien de vosotros. Así, pues, debemos buscar donde se puedan abastecer más almas que necesiten de mi Palabra, porque ellas, cada una, pondrá un denario, y cien serán cien denarios que alimentarán la necesidad de cien más, y así mi Palabra será oída por cien que me escuchan y cien que no me escuchan; cumpliéndose así la Escritura que dice: «Dos mujeres están moliendo, una será tomada y otra será dejada»".
Le dice Judas; "Maestro, todo aquel que escuche su Palabra, ¿será redimido?".
Replica el Maestro: "Mi Palabra es Vida, el que la escuche y la hace, será UNO conmigo; el que la escuche y no la hace, será como aquel que emprende un camino por el desierto y como al momento de salir no tiene sed, no lleva agua para beber en el camino; donde le dé sed, se sentirá morir y ni siquiera tendrá fuerzas para regresar al punto de partida; por eso os digo, hijos míos, que deberéis beber todos los días de la fuente de la juventud y de la sabiduría para que nunca, aunque andéis por el desierto, volváis a tener sed".
LA PALABRA

