lunes, 16 de junio de 2014

CAPITULO XVI

 En la vida, toda persona que se proponga a realizar determinado trabajo, ya sea de comercio, ya sea de profesión, de política o religiosa, se va a encontrar a muchas personas que lo apoyan, que lo ovacionan; va a encontrar a muchas personas que lo rechazan, que le tienen odio y envidia y, por lógico, muchas otras personas que lo ignoran y que, aparentemente, nada tienen que ver con el citado personaje.

El Iniciado debe marchar en su Camino muy atento, aprovechando la fuerza, el afecto y el cariño que le dan sus amigos, pero cuidando al máximo de no defraudarlos a ellos, ni a la Obra que está haciendo, por compromisos, ni gratitudes adquiridas.

Recuerda, querido hermano, que la Obra que estás haciendo es la Obra de tu Cristo dirigida por tu Padre; ésta no puede ser interferida por nada, ni por nadie; cuídate de esto; date cuenta que en tu Camino, tus amigos y tus enemigos cumplen  una misión. 


Es posible que tus amigos o allegados te toleren, por el cariño que te tienen, en algo que te equivoques.

Tus enemigos no toleran que te equivoques porque ellos protestan; indica esto que son dos fuerzas que en tu Camino te sirven pero que ningu-na de las dos puede hacer el trabajo por ti.

Es Usted el que tiene que dirigir todos los eventos de su vida para que, en ningún momento, vaya a actuar impulsado por una emoción de triunfo o de derrota.

Cuando triunfas, guarda silencio y quédate tranquilo; cuando te sientas derrotado o vencido por las torturas de la vida, guarda silencio y observa cuál es tu comportamiento psicológico, mental o emocional.

No olvide, querido hermano, que ni la vida, ni los hechos lo derrotan a uno; es la persona la que se derrota ante la vida y los eventos.

La vida continúa igual, con su triunfo o con su derrota; sólo la persona es la que puede modificar sus propios eventos.

Recuerda que en tu Camino, por incipiente que creas que sea, siempre tendrás un Caifás que alza la muchedumbre contra ti.

Un Pilatos que te juzga y se lava las manos y un Judas que te traiciona, pero vamos al estudio de esto.

Si te enfrentas a ese Caifás, a ese Pilatos y a ese Judas traidor, como persona te matan, te destruyen, te acaban. Pero si los enfrenta como instrumento del Cristo, sereno, calmado, resignado, profundo,.... te persiguen y te juzgan y te matan pero con una Muerte que tiene una Resurrección.

«Lo triste para el hombre no es morir; lo triste y doloroso es morir sin derecho a una Resurrec-ción».

La Muerte sin Resurrección, es la pérdida de todos los valores conscientivos del hombre; es el fracaso; es la derrota propia de los débiles, de los cobardes.

La Muerte con Resurrección, es el resurgi-miento de los  valores conscientivos del Alma y del Espíritu, que le dan el derecho a continuar viviendo;  pero  no  olvide, querido lector, que desde que
estemos aquí en la tierra, querramos o no querra-mos, vamos rumbo a la Muerte. 

De Usted depende que esa Muerte sea para siempre o que esa Muerte tenga derecho a la Resurrección.