lunes, 16 de junio de 2014

CAPITULO XII

 El «hombre que mora en silencio», nos llama a la reflexión, que lo que tenemos es una expresión humana y, por lo tanto, una existencia real interna.

Ese hombre que mora en silencio no podría estar creciendo espiritualmente sino tuviera en la tierra al «hombre que ama».

El hombre que ama, debe trabajar intensamente desintegrando, como ya dijimos, todo elemento, obstáculo o impedimento que encuentre en su Camino, que le impida el encuentro ordenado con el hombre que mora en silencio.

Este hombre que mora en silencio, no es otra cosa que el «hombre conciencia», es decir, NUESTRO CRISTO.

El hombre que ama, nada podría hacer sin el hombre que mora en silencio; y el hombre que mora  en  silencio nada podría hacer sin el hombre que ama.

El hombre del silencio nos da tres cosas fundamentales en nuestro Camino:

Primero: Comprensión sobre el trabajo que estamos realizando.
Segundo: Amor hacia la Obra que estamos realizando, y
Tercero: La Luz para alumbrarnos el Camino.

El hombre que ama, realiza en compensación con esto, tres trabajos fundamentales para la integración con el hombre que mora en silencio:

 Comprende y desintegra Yoes.
 Conoce y comprende todo el drama de la Vida.
 Recibe el Amor y lo comparte con la Humanidad, permitiendo así que el hombre interno que mora en silencio, viva el drama  a través de nosotros.

El Iniciado no debe nunca comparar la grandeza de la Obra que está realizando con ninguna empresa, avance tecnológico, falso  cientificismo, porque esto equivaldría pensar que pueden haber otras cosas que tengan la misma importancia para el hombre que encarnar al Ser.