lunes, 16 de junio de 2014

CAPITULO XV

El mundo está constituido por un conjunto de leyes y de sistemas los cuales tienen mucho que ver con la Vida que cada uno de nosotros hemos llevado o llevamos. Esas Leyes, generalmente, las ha creado el hombre con la finalidad de tener un control sobre el hombre.

Los sistemas también los ha creado el hombre con la finalidad de inducir al ser humano a través de la evolución y del desarrollo de la civili-zación.

Estas cosas han nacido hace muchos siglos, razón por la cual el «yo» nuestro tiene sus ancestros en épocas pasadas.

El «yo» es tiempo, el «yo» es experiencia; estas son razones más que suficientes para que nosotros comprendamos que el tiempo hay que reducirlo al momento en que estamos; así conse-guiremos que el «yo» no pueda ejercer en nosotros la experiencia que tiene adquirida en el tiempo y se ve  obligado a manifestarse, de momento a mo-mento, desprovisto de la experiencia que ha adqui-rido, minutos, horas, días, años y siglos atrás.

Espero, querido lector, que comprenda esto, que cuando uno atrapa al «yo» en determinado evento, desprovisto de la premeditación proyectada en el tiempo, este tal «yo» es vulnerable porque él actúa por el instinto que tiene, por la experiencia que tiene y dentro de una correlación de tiempo.

Si nosotros aprendemos a escapárnosle al  tiempo y vivir el momento, obligamos al «yo» a actuar sin la planificación previa que él tiene por los elementos que ya citamos, es decir, si determinado hermano se propone reclamar a alguien una cosa que la considera justa y no hace de esto una planificación, simplemente actúa por conciencia, habla lo justo.

Si hace una planificación de lo que va a hacer, el Yo se prepara con muchos argumentos, forma una disputa, quedando el hermano imposibi-litado de comprenderlo y por ende de eliminarlo.

Cuando se actúa sin un programa mental o psicológico, tenemos un cien por ciento de posibili-dad de que sea el corazón el que actúe con el nivel de conciencia que tengamos.

Vivir el momento para hablar y para actuar, equivale a eliminar el «yo tiempo».

Cuando un Iniciado va por la calle, está en una fiesta o en cualquier evento de multitudes, vuélvase muy reflexivo, viva el momento, observe a las gentes y no permita que su mente o sus emociones le den o le quiten la razón a la forma en que cada persona actúa.

Recuerde que cuando Usted le da la razón a alguien que está siendo maltratado, injuriado, engañado o perseguido, indiscutiblemente, le está quitando la razón a quien está cometiendo ese atropello; indicando con esto que Usted se desubicó y se convirtió en un juez de la vida de determinada persona o personas; esta clase de apreciación que Usted haga de cualquier evento de la Vida, es egóica ciento por ciento.

El Ego, esgrime su experiencia, sus triunfos o sus derrotas, a través de Usted, y es apenas normal, querido investigador, que si Usted no está atento y vigilante, va a creer que es su conciencia la que no soporta ver esa clase de injusticia. Extraño puede ser para Usted esto, pero si Usted está muriendo, si está dispuesto a morir, no debe convertirse en juez de nadie, en defensor de nadie, ni en acusador de nadie.

Recuerda que tu Ser y tu Conciencia no están en ningún extremo, ni conocen, ni se identifican en el Camino con el bien ni con el mal, simplemente, avanzan.

El Iniciado que mira las cosas del mundo sin comprender que por buenas que sean son del mundo, termina siendo convencido de que el mundo como va, va bien