lunes, 16 de junio de 2014

CAPITULO XIV

  En este Capítulo estudiaremos algo muy fundamental en nuestro trabajo: « LA MUERTE ».

La Vida la podemos definir de tres maneras:

- Como una función orgánica.
- Como una función vital y,
- Como una función espiritual.

Para la muerte del «yo», necesitamos desli-garnos, en una forma total, de todos los elementos en los cuales se sustenta el «yo» en la parte exte-rior.

Ejemplo: «Sería imposible que una persona que ejerce un trabajo manejando armas para imponer el orden, pudiera, a la vez, estar eliminando el «yo» mando, el «yo» poder, el «yo» violencia, el «yo» mato, el «yo» impongo, etc.»

«Sería absurdo pensar que una persona por su trabajo o por su nivel social, se obligue a estar a  toda  hora relacionado con las esferas más altas de  la sociedad,  pudiera  estar eliminando, en una
forma radical,  su  falsa  personalidad,  el  «yo» del
engreimiento, del amor propio y del falso cientificis-mo».

«Sería imposible que una persona que nunca se ha sabido relacionar con los diferentes elementos de la sociedad, pudiera extraer el conocimiento y la comprensión que debe tener en su trabajo».

La persona que se decide a morir, tiene que saberse relacionar con todas las áreas psicológicas del mundo exterior para dar oportunidad a que la embravecida muchedumbre, costumbres, sistemas y vicios del mundo exterior, hagan reaccionar violentamente a la muchedumbre de nuestro país psicológico; así podemos nosotros identificar, serenamente, reflexivamente, a los enemigos de nuestro Cristo Intimo.

Nosotros debemos aprender a mirar las convulsiones del mundo, con la mirada serena, profunda y objetiva de nuestra propia conciencia, ya que ella no está condicionada por los yoes de la mente, ni de la psiquis.

Quien mira el mundo con los ojos físicos, termina dándole la razón a Judas, Pilatos y Caifás.

Quien mira el mundo, sus sistemas, cos-tumbres, con la conciencia, termina extrayendo todos  los  valores de lo que sirve y desechando lo que no sirve.

El Iniciado para poder morir en sí mismo, debe aprender a ver con la misma serenidad a los amigos del Cristo y a los enemigos del Cristo; así podrá tener un criterio propio de lo que debe hacer, dónde hacerlo y en qué momento hacerlo.

Un «yo» conocido, estudiado y comprendido, se le debe dar la estocada con el cuchillo de la conciencia en el momento preciso en que él está actuando; quizás convencido de que nosotros lo ignoramos.  En la muerte del «yo», no hay que decir estoy muriendo, simplemente muere y eso es todo.

El «yo» cadáver se le entrega a la Divina Madre para su total desintegración y nunca a un «yo»  muerto  se  le  debe  recordar,  porque  cada «yo»  tiene  una  asignatura astral que es la Perso--nalidad que él ha formado por nuestra propia culpa, ya que lo hemos creado, alimentado y aceptado; y lo peor de todo: lo hemos defendido por tantos siglos.

Muerte es Muerte, y Resurrección es Resu-rrección.

Recordemos: «Morir es morir, pero la Vida la tenemos que aprender a vivir después de la Muer-te».

No olvide, querido lector que el «yo», el mí mismo, vive por tres razones básicas:

 - Porque nosotros le damos la razón.
- Porque nosotros lo alimentamos y,
- Porque no tomamos la resolución de eliminarlo.

En todo evento de la Vida, el «yo», el mí mismo, se hace presente en mayor o menor pro-porción. Si nosotros estamos dispuestos a morir, vamos a hacerlo de la siguiente forma, no le demos la razón al «yo», aunque él reclame que la tiene.

No nos dejemos robar la energía con una impresión mal transformada y sintamos, en nosotros mismos, que el elemento que está reaccionado en nosotros, es un delincuente al cual no estamos dispuestos a tenerlo más.

No olvide, querido hermano, Dolor y Reflexión es el paso a seguir. «Dolor al elemento morir, y Reflexión para continuar el Camino».

La Vida del Iniciado, serio y responsable, es una Vida contemplativa, reflexiva, profunda.

Recuerda que si tú triunfas en los eventos de la Vida, este hombre amoroso, se fusionará, inevita-blemente, con el hombre que está en silencio.

El «yo» es una sombra que no nos deja ver el Camino; hay que proyectarle Comprensión, Luz y Voluntad, y así ese elemento será desprendido de la razón; será impedido de tomar alimento y será decapitado para que la Madre amorosa lo destruya en los diferentes niveles de la Mente.