Este hombre se debe lanzar a su trabajo sin importarle que sea despojado de lo que tiene, aún de su vida; este hombre, si hay algún obstáculo que le impida realizar su Obra, debe conocerlo a fondo, estudiarlo, comprenderlo con la firme resolución de eliminarlo de su camino; debe comprender, en lo más mínimo, todos los movimientos que produce el Ego y que lo hace reaccionar ante el drama de la vida; como por ejemplo: una palabra inoportuna, un pensamiento intruso que aparezca, una mirada, un desagravio, etc..
Estas muestras no son más que vivas representaciones de Yoes diablos que torturan a nuestro Cristo Intimo, por lo tanto, querido hermano, no piense morir para mejorar, simplemente, muera; porque si Usted dice: «Yo voy a matar el Ego para mejorar, para ser una persona mejor», dése cuenta que son proyecciones de Egos que quieren ser santos.
Dése a la tarea de morir y no más que morir.
Una persona cuando muere, la tierra se lo traga; un Iniciado cuando muere, la serpiente de la Sabiduría lo devora.
No se haga proyectos, no se haga programas en su mente para la muerte, simplemente dése cuenta, como ya dijimos, que un pensamiento no es más que la reacción de los Yoes; que una emoción desordenada no es más que conjuntos de Yoes produciendo reacciones en esos cinco cilindros de la máquina humana, que corresponden a los cinco elementos de la Naturaleza y a los cinco sentidos físicos.
Esos Yoes diablos están matando al Cristo aquí en la tierra y Usted, querido hermano, que ama, no debe permitir ni un día más, ni una hora más, ni un minuto más, que se posponga la muerte del Yo.
Una persona muerta, es un cadáver en el cual cesaron sus funciones vitales; un Yo muerto es un cascarón que debe ser convertido en polvareda cósmica para que ingrese a los inframundos de donde no hay regreso.
Una persona muerta, psicológicamente, es un candidato para elevarse a las esferas más sublimes de la Sabiduría.
Recuerde, aquí no hemos venido para agradar a nadie, hemos venido a morir para cristalizar, dentro de nosotros, al Cristo.
Toda tolerancia con el Yo es una traición y una injuria para con el Cristo, una desobediencia para con el Padre y una falta de Amor para con la Madre.
Cada día que pasa y no trabajamos sobre el Ego, es una eternidad que se apodera de nuestra mente, de nuestra psiquis, llevándonos a ser vencidos, en este drama cósmico, de nuestra propia Redención.

